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 19-05-20 | 14:35 hs.        217
¿Por qué el coronavirus se disparó en Chile?
Con más de 46.000 contagios y 478 muertos, Chile entró a su novena semana de cuarentena. El presidente Piñera decretó, finalmente, el confinamiento total obligatorio para la Región Metropolitana (RM); pero el hambre y el malestar social de los sectores más vulnerables sigue en aumento. Durante el lunes volvieron los cacerolazos y quema de buses. ¿Qué le pasó a este “paraíso”, que según su ministro de Salud, tenía el “mejor sistema sanitario del planeta”? Algunas pistas para entender el fenómeno.
¿Por qué el coronavirus se disparó en Chile?

Por Guillermo Zerda
Desde Santiago de Chile



A principios de octubre pasado, Chile era “un verdadero oasis con una democracia estable”. Así lo confesaba orgulloso su presidente Sebastián Piñera por televisión. Luego, el 18 octubre del 2019 se produjo el estallido y las calles se convirtieron en un campo de batalla. Con enemigo declarado y todo: la gente que manifestaba en las calles.

Más tarde en noviembre, en pleno descontento social, el ministro de Salud Jaime Mañálich – de liderazgo fuerte y confrontacional- se despachó con otra frase para el bronce y sin ruborizarse: “Nuestro sistema de salud es uno de los mejores y más eficientes del planeta”. Quiso apagar el fuego con nafta.

Hoy, en medio de la pandemia, la postal se parece más al infierno de "El Dante", que a un paradisíaco vergel. Por cantidad de contagiados, el país trasandino ocupa el puesto 18º en el ranking de países con mayor cantidad de enfermos, inmediatamente después de México y teniendo en la punta a Estados Unidos. Argentina se ubica en el número 50.

La semana comenzó con toda la capital en cuarentena total: 38 comunas donde viven más de 8 millones de personas, más del 42% de la población total de Chile. Según el Ministerio de Salud (MINSAL) en los últimos 15 días se registraron 15.000 nuevos contagios, cerca de un tercio del total de infectados por Covid-19 (63,1%). Y la cifra de muertos marca records a diario. En los últimos 5 días las decesos registrados constituyen el 28% del total de infectados.

¿Qué sucedió en el medio? Varios factores podrían explicar esta debacle sanitaria y social que atraviesa el país vecino.

Un modelo de 30 años

Desde el comienzo de la pandemia, el gobierno de Sebastián Piñera trató de minimizar el peligro latente del virus, en pos de defender la economía chilena. El país cuenta con un Estado subsidiario muy jibarizado, que ha dejado en manos del sector privado tres pilares fundamentales: educación, seguridad social y salud.

En su Carta Magna del año 80, promulgada durante la dictadura de Pinochet se determina que aquellos lugares donde el sector privado no desarrolle sus actividades, recién ahí el Estado se hará presente para cubrir ese vacío. Es por ello que durante los últimos 30 años se ha venido gestando este modelo que precarizó el empleo y produjo las profundas inequidades existentes. Esas que hicieron que la gente, de manera transversal, ocupara las calles el pasado octubre.

En Chile, existe una gran masa de empleados por cuenta propia, que no cuentan con los beneficios sociales de previsión y salud. Según datos del Instituto Nacional de Estadísticas (INE), durante el último trimestre del 2019 el empleo por cuenta propia se disparó en un 4,7% vs el trabajo asalariado, que sólo aumentó un 0,7% cifra muy inferior al crecimiento que este último experimentó durante el primer trimestre del año (2,4%).

Además, mientras las cuentas del país arrojan números azules, la realidad de cada familia es distinta: la mayoría de los hogares está sobre endeudado: con los bancos y las grandes cadenas de retail a través de sus tarjetas de consumo y crédito.

Allá en marzo y a lo lejos

Con el virus instalado, las conservadoras arcas del estado chileno no se abrieron – o lo hicieron tímidamente - para cubrir las necesidades de una posible cuarentena total. Por lo tanto, se optó por un confinamiento “gradual y selectivo”, comenzando por las comunas más acomodadas de la capital y prometiendo, además, una pronta vuelta al trabajo

Desde principios de marzo, con los primeros contagios “importados”, se decidió confinar a esa población ABC1, que había vuelto de Europa y Asia con el virus como suvenir. Solo esas comunas. El resto de la Región Metropolitana seguiría con su vida normal.

Pasaron los días y los enfermos por el virus se fueron curando en su mayoría. Estamos hablando de personas con recursos económicos a la que se les hizo fácil llevar una cuarentena ordenada. Pero aquí entra a jugar un factor predominante que es la movilidad diaria de personas, dentro de las fronteras de la capital.

Casi todas las “nanas” (personal doméstico), los guardias de seguridad de los barrios privados o los jardineros de las mansiones y countries, que trabajan en las comunas más ricas, viven en las zonas más pobres. Y el virus migró desde las primeras a estas últimas zonas, las que tienen una fuerte composición C2 y C3.

“Nos equivocamos como país al pensar que la primera ola de la epidemia seria la única y eso sería todo. Eso no fue así.” dijo a Radio Cooperativa Catterina Ferreccio

Epidemióloga, miembro del Departamento de Salud Pública de la Facultad de Medicina de la Pontificia Universidad Católica de Chile (PUC) y miembro del Consejo Asesor del Covid-19 /MINSAL 2020.

La catedrática explicó que al ser “un país tan segregado, la primera ola de contagios se dio en un sector de la capital. Y esos chilenos que lograron controlar la epidemia en su momento, contagiaron al resto. Eso es lo que mas temíamos y eso es lo que pasó”.

“Claramente estamos en la segunda ola del Covid-19” explica la doctora de la PUC haciendo hincapié en que esos contagiados eran “gente joven y saludable, con un entorno de buenos recursos que permitió que ese grupo se cuidara y se contuviera”. Y amplió que es un clásico de la salud de casi todo el mundo “que primero se muere la población mas pobre”. Y Chile no es la excepción.

La epidemióloga explicó que el discurso predominante era que “teníamos la mas baja mortalidad del mundo, la mayor tasa de exámenes de Latinoamérica, poquitos muertos, que había mas contagiados que muertos. Había una sensación de que lo estábamos haciendo mucho mejor que todo el continente”. Un evidente error de cálculos.

Detener el contagio

Ferreccio explicó que la llave que genera los casos es la transmisión, por eso es fundamental detenerla a tiempo, cosa que no se hizo. “Lo que hacen las cuarentenas es parar las transmisiones de las enfermedades para que no lleguen tantas personas a los hospitales y estos colapsen. Los que llegan al servicio de salud, son los mas graves; solo la punta del iceberg” recalcó la especialista. Como dato, la ocupación hospitalaria en la RM llegó al 91% y es de 79% a nivel nacional.

Según la docente, lo que hay que tener en cuenta es el tamaño de la masa de contagiados que generan los muertos. “Mientras más joven es la estructura de esa masa, menos muertos va a generar. Y todo el primer brote fue de gente muy joven, mas joven que el promedio de la población de Europa. Por ello no es tan sorprendente la baja mortalidad de ese grupo” explicó la especialista y agregó que “si uno quiere comparar la mortalidad de verdad, tiene que comparar por grupos de edad. Y ver cómo está esa variable en los distintos rangos etarios”.

Al decir de la autoridad, que destaca el “bajo porcentaje de letalidad”, la doctora afirma que esta variable es menos confiable. Ésta, estaría influida por el número de exámenes que se hacen. Por ejemplo “Argentina tiene casi la mitad de mortalidad que Chile si la definimos como número de muertos por habitantes, que es el dato mas duro. Pero como tiene menor cantidad de exámenes, la letalidad -porcentaje de muertos respecto a los que se diagnostican con el examen- es mucho mayor. Pero en el fondo el dato duro es cuántos se mueren por número de habitantes” recalcó.

Problemas comunicacionales

El domingo pasado, el presidente habló por cadena nacional y confesó que Chile al igual que otros países, “no estaba preparado para afrontar la pandemia” y anunció un número de medidas para paliar la “crisis sanitaria y la crisis social” como la definiera Piñera por televisión. Entre ellas, la que destacó fue la entrega de 2,5 millones de cajas de alimentos y otros elementos esenciales para las familias mas vulnerables y de clase media, que necesitan la asistencia del Estado.

Tanto fue así que el lunes temprano, un número importante de vecinos de El Bosque (sur) se agolpó frente la Municipalidad de esa comuna exigiendo alimentos y enceres básicos al tiempo que acusaron la falta de ayuda por parte de las autoridades. Hubo disturbios y Carabineros reprimió. A ese conato de protesta se sumaron otros sectores de la capital, como los habitantes de la Villa Francia, en la comuna de Estación Central (centro poniente), los que también se enfrentaron a la policía y quemaron un bus de la locomoción colectiva. Ya por la noche, volvieron los clásicos cacerolazos de octubre, en distintas zonas de la capital. Esta vez en protesta por las medidas tomadas por el ejecutivo. Y esto recién a dos días de decretarse la cuarentena total.

No es la primera vez que Piñera, da señales equívocas durante esta crisis sanitaria, anunciando medidas antes de tenerlas operativamente resueltas. Sucedió con la ley de Protección del Empleo, el Ingreso Familiar de Emergencia, la “Nueva Normalidad” y el “Plan Retorno Seguro” ( al trabajo), el que, a la luz de los números de contagios, postergó sin fecha específica de concreción.

También el Ministro de Salud Mañalich, tuvo su cuota de yerros comunicacionales. Mientras se insistía con la cuarentena selectiva, culpó a la “desobediencia de la población” por el alto número de casos y se peleó con los alcaldes. Los ediles lo acusaban de mal manejo de la crisis y de no enviar los insumos básicos de salud que necesitaban las comunas. Su última perla “Cualquier persona es positiva por coronavirus hasta que se demuestre lo contrario”. Inefable.

Respondiendo al mensaje del presidente, el alcalde de El Bosque, Sadi Melo, precisó que “nos gustaría que el gobierno antes de empezar a hacer anuncios, nos invite (a nosotros) a hacer los anuncios” y explicó que “las últimas semanas hemos venido sosteniendo una gran demanda de alimentación; lo básico ya se le acabó a nuestra gente, estamos en situación de hambre y falta de trabajo”. Una situación que viven la mayoría de las 32 comunas que integran la RM más las 6 comunas de la periferia que también fueron afectadas.

Sin duda la pandemia en Chile sigue el patrón de desigualdad socioeconómica del país. Una bomba de tiempo que todavía no explota, pero que ad portas del invierno, del creciente número de contagios y de la recesión que asoma, podría detonar en cualquier momento y de la peor manera.




 

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