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23-10-2014
 
¿Qué etiqueta va con esta relación?
 
Ponerle nombres a los sentimientos es señal de madurez emocional y personal.

 
Uno de los libros del escritor japonés Kenzaburo Oé se llama “Dinos cómo sobrevivir a nuestra locura”, éste titulo me hace pensar en cuantas veces una frase semejante viene de forma casi grotesca y desesperada a nuestro pensamiento ante las nuevas propuestas o fórmulas de relaciones de pareja: Amigos con o sin novios, amigos con o sin pareja.

Ahora es como una carta de menú abierta donde uno va eligiendo según su labor o pedido, pero al final todo resulta insatisfactorio y no sabemos por qué, ya que estamos haciendo y ofreciendo lo que creíamos que era mejor para entablar una “relación” y sentirnos completos sin tener que entregarnos por completo.

¿Existen las fórmulas para una relación exitosa?

No. Pero sí existen las herramientas para enfrentar cualquier clase de vínculo y hacerlo valioso. El miedo es el primer y principal obstáculo para desarrollar una pareja feliz. Cuidamos nuestros sentimientos de tal forma que nada puede entrar ni salir de nuestro interior y así los efectos de estos afectos terminan pudriéndose tal como una fruta y lo que se pudre no sirve y lo que uno cree que no sirve termina desechándolo. No nos detenemos a pensar que cualquier clase de sentimientos lleva una demanda, así sea pequeña y un escalón de madurez emocional. Ponemos el enfoque en qué perderemos y qué obtendremos, antes en qué necesitamos realmente del otro y que podemos dar.

En el actual desconcierto de cómo entablar una relación “a la medida de la felicidad” buscamos una mitad de nosotros mismos y entregamos otra parte, ser claros en esto es pararse sobre una base segura, la seguridad produce confianza y la confianza quita la alta ansiedad que el desconcierto produce. Saber que es real y certero, las emociones siempre necesitan un fundamento sólido para poder prosperar.

Llamar a las cosas por su nombre

Por cuestiones de necesidades vigentes y reales las cosas han dejado de llamarse por su nombre, todo ha sido modificado para que suene de forma diferente, para que no parezca lo que es, porque tampoco queremos hacer las cosas como corresponde. Al otorgar nombres falsos a asuntos verdaderos tapamos la mitad del esfuerzo que implica, ejemplo: una relación verdadera (si es esto lo que anhelamos). Hacernos preguntas y preguntar ahora suena a histérica permanente.

Es natural que como niños necesitemos saber la verdad de todo y obtener de todo información por una cuestión lógica de saber donde estamos apoyándonos para tener la seguridad de lo que necesitamos y queremos hacer al respecto. Saber que tipo de relación queremos y dejar de lado los miedos de preguntar qué necesita y desea la persona con quien estamos formando el vinculo, debe ser un paso natural. Comenzar por el principio es fundamental, darse tiempo, ponerle nombres a los sentimientos es señal de madurez emocional y personal, no de rótulos.